Obra y obra
Tumbado, sin poder (o sin querer) dormir, pienso en un lejano (espero) día, en el que haya que reivindicar (más aún que hoy) el amor a lo real, a lo tangible. Será un día triste, en el que desplacemos la Obra que tenemos ante nuestros ojos, y que por tanto tiempo ahí prevaleció, para hacer hueco a la obra que nosotros mismos hayamos creado. Una obra que imitará (o, al menos, lo intentará) a la desplazada. Y llegará el momento en que nos convenceremos de que la obra es en realidad la Obra, y nos regocijaremos, porque habremos puesto por delante la disponibilidad a la autenticidad. Dudo mucho que, llegado el caso, seamos capaces de volver hacia atrás, y observar la belleza de lo que ya tenemos (o teníamos), y sentirnos en armonía con todo ello. Que podamos saber que cada momento es único, y que, aunque lo que veamos no sea perfecto, el que sea auténtico nos mantiene cuerdos, y nos permite ser parte de aquello mismo que tenemos delante. Mucho me temo que, a muchos, esto ya les ha pas...